No
era la primera vez que la veía bajar ahí para quedarse sentada y a la mañana
siguiente volver a verla sentada y tomar el primer tren de la mañana.
Son
las 5:30am del 12 de julio, la escarcha en el patio de casa es como un sello de
que el pleno invierno estaba azotando con heladas al pueblo, todavía es muy
oscuro, pero el que no trabaja no come acá. Todavía estoy pensando en esa chica
que se baja los martes y jueves por las noches acá y se queda sentada en el andén,
no se a quien espera ni quien es; pero al otro día sigue ahí y toma el tren de
las 6:00am, el primero que arriba vacío y sale para la ciudad.
Es
viernes y ella sube al último vagón de la formación, soy muy curioso asique me
decidí acercarme a ella, es muy bonita, pero me registra mientras me acerco y
su mirada se pone muy profunda como preguntándose
-¿Y
este flaco que quiere?
Pero
prefiero sentarme del lado de los asientos de frente, me mira y como si nada,
vuelve a mirar por la ventana mientras el tren arranca.
-“Buen
dia”, le digo muy amablemente
Pero
me mira como asustada y no me contesta, es muy rara, siempre con ese mismo jean
negro, remera blanca y un chaleco rojo; no sé cómo aguanta semejante frio. No
le volví a hablar en todo el viaje y me puse a escuchar algo de música.
Pasó
mi jornada laboral y volvía a casa, el tren de regreso me deja a las
20:00pm, pero, sorpresa la mía, esa
chica estaba en el andén, es viernes, nunca viene estos días; pero mañana no
trabajo, asique voy a quedarme unos asientos alejados a ella a esperar toda la
noche si es necesario, estoy obsesionado con lo que hace esta chica acá.
Las horas pasan, ya no tengo batería en el
celular, es medianoche y ella sigue ahí, hipnotizada mirando hacia las vías,
hace mucho frio, la neblina ya bajó y la luz del andén es muy tenue. Mi reloj marca
las 02:25 am del sábado y veo cruzar las vías del otro andén a un hombre muy
viejo, se sienta a su lado, observo que es lo que pasa, le dice algo al oído y
se retira. No voy a negar que esa presciencia me erizara los pelos del cuerpo,
no era una entidad, o al menos no parecía serlo. Esa chica volvió a quedarse mirando las vías, por mi parte, me retiraría de ese lugar con
una gran incógnita y es. ¿Quién es ese tipo?- ¿Qué le dijo?....
Paso
el fin de semana y el lunes a la vuelta del trabajo por la noche decidiría volver
a ese andén a las 02:00am del martes y esperar a ese hombre, lo tenía muy
decidido. Me abrigo bien en casa, tomo la bicicleta y me dirijo a la estación.
Con mucha ansias espero a ese hombre, me gustan los riesgos, por eso lo hago;
creo que otro en mi lugar no lo haría.
Pero miro el reloj y marcan las 02:24am, ahí está, ese hombre en el otro
andén que empieza a cruzar hacia donde estoy sentado, decido hacer lo mismo que
hizo esa chica, quedarme sentado y no hacer nada. El sujeto sigue caminando
hacia mí y se sienta al lado, se me acerca al oído y con una voz gruesa me
dice:
-“Vos
no deberías estar acá”
Se
levantó y se fue para el lado del campo, allá, por donde se pierden las vías entre
la niebla y los pastizales. Me levanto para irme y veo que en el andén de enfrente se encontraba
esa misma chica, mirándome fijamente y en su mirada, un enojo que daba miedo.
Decidí ir por la bicicleta e irme a casa. Ese martes volví a viajar con esa chica,
ya no en la misma formación, pero cuando llegué, ella estaba ahí, con la mirada
de siempre. La semana transcurrió normalmente y trate de no verla a los ojos
los días que ella se bajaba en el andén.
Llegó
la noche del sábado y decido volver a ese andén a la misma hora, a las 02:00am,
quiero ver a ese hombre y preguntarle ¿Quién es esa chica? Y ¿Quién sos vos?,
pero al llegar me encuentro con el piso del andén pintado que decía: “No
decidas ponerle fin a tu vida”. Me siento en el banco donde esperé hace unos días
a ese hombre y lo veo aparecer, esta vez camina más rápido hacia a mí, se
sienta al lado y me dice:
-“No
vuelvas más porque ella se va a enojar”, y se retiró para el mismo lado, perdiéndose
en los pastizales del campo.
Al
voltear veo que esa chica está en el andén de enfrente otra vez, es sábado, no
debería estar allí. Se la ve muy enojada y en la mano sostiene un machete,
respira muy rápido mientras me sigue con la mirada cuando camino. En el pueblo
no conocían a esa chica ni a ese hombre porque nadie va a esas horas al andén
del tren. Asique esa noche decidí volver, pero aún más temprano, esta vez a las 01:00am del domingo, otra vez el mismo
recorrido. No recuerdo bien qué hora era porque no me fije, solo recuerdo a ese
hombre otra vez cruzando el andén, sentándose al lado mío y diciéndome en el oído..
-Detrás
tuyo
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