domingo, 25 de enero de 2015

"Ese algo" detrás de la puerta

Quizas todos tengamos un amigo en especial con el que nos gusta salir a tomar algo, ponerse a hablar y hasta aconsejar. Pero estos chicos eran unos amigos muy especiales. ¿Y porque especiales?, simple, hacían todo junto; pero había una actividad entre tantas que les encantaba practicar cada uno o dos meses. Ellos lo denominaban como “exploración urbana”. No hay mucho que explicar de que se trataba, era algo simple, ir juntos a lugares abandonados por la ciudad, investigaban sobre el objetivo que se imponían, sacaban fotos desde afuera, lo recorrían días anteriores, se imaginaban como seria por dentro y sobre todo, como hubiese sido cuando funcionaba ese lugar. Pero había algo que les encantaba hacer cuando iban a esos lugares, les encantaba ir de noche para alimentar el morbo y la adrenalina de la actividad.

Los lugares que mayormente frecuentaban eran casas por la ciudad o por el pueblo, su pasión era tal por esta actividad, que a veces llegaban a manejar por tres horas hasta el lugar, se hacían conocer en esos lugares y cuando había un lugar nuevo por explorar, los llamaban y le pasaban el dato. Llegó un día que se aburrían de ir siempre a simples casas, hasta que ese mismo día, cuando estaban charlando sobre ver si seguían o no haciendo eso, alguien, por teléfono les contó sobre un hospital que estaba abandonado hace 20 años.

Quedaba lejos, fuera de la ciudad y fuera del pueblo de la misma, debían manejar unas seis horas hasta llegar al lugar. Era algo extraño porque se pusieron a buscar información por internet y no consiguieron nada, por un momento pensaron que era una broma, incluso sospechaban de que fuese mentira porque era un edificio un poco grande para estar tan lejos. Decidieron ir a una biblioteca y consiguieron un mapa del edificio en una computadora donde se podía averiguar sobre diarios viejos, les gustaba hacer las cosas bien, eran chicos aplicados para eso. Por ejemplo, cada uno llevaba su propia linterna, dentro de sus mochilas tenían pilas y baterías de repuesto por si llegaban a quedarse sin pilas. Incluso se encargaban de llevar cantimploras con agua, un botiquín con algodón y alcohol por si alguno de ellos se lastimaba y por sobre todas las cosas, llevaban sus celulares cargados y con saldo para hacer llamadas por las dudas.

Llegó el día tan esperado, eran alrededor de las 23 hs cuando se acercaban con su camioneta al hospital, era un edificio  de unos seis pisos más o menos, su estado de abandono era tal, que incluso con la poca luz de la noche, se notaba el deterioro de la fachada por fuera. Bajaron de la camioneta, agarraron sus mochilas, le pusieron el respectivo seguro y se encaminaron a intentar entrar. Lo recorrieron por fuera mientras le sacaban algunas fotos. Tuvieron que ingresar por una ventana trasera sin vidrios porque la puerta estaba cerrada con un candado y se hacía imposible ingresar. Su mayor miedo era cruzarse con algún vagabundo o algún delincuente que se escondiese ahí, pero estaban muy lejos del pueblo y sobre todo, de la ciudad como para que alguien  utilice ese lugar para vivir.
Cuando ingresaron por la ventana, entraron a una sala de operaciones, no había más luz que la de la noche y la de sus linternas, una camilla se encontraba abandonada, con el acero oxidado, abrieron la puerta de la sala y pasaron a un pasillo enorme, tanto para la derecha, como para la izquierda. 

Los chicos empezaron a caminar, todo estaba en profundo silencio, pasaron por una enfermería, una sala de espera y por donde estaría en aquel momento la recepción del lugar. Hacia frio aquella noche, ellos estaban muy bien abrigados, pero ahí adentro, sentían un frio muy especial, algo que les traspasaba las camperas. Continuaron caminando, pasaron esta vez por una sala de terapia intensiva, las sabanas de las camillas estaban sucias, llenas de polvo al igual que el piso de las habitaciones; se notaba muy bien que hacía mucho tiempo que nadie entraba. Llegaron al final del pasillo y encontraron las escaleras que los llevarían a los pisos de arriba. Habia algo que a ellos les gustaba hacer cuando iban a casas muy grandes y que les parecía divertido, uno de ellos dijo: “hay que separarnos”.

Como ellos eran muy precavidos, llevaban un radio, una especie de walkie talkie para comunicarse entre ellos por si acaso. Deciden separarse, tenían personalidad muy distintas a la hora de explorar, a uno le encantaba verlo todo, recorrer bien el lugar, y al otro, le gustaba ver más los detalles, aprovechar el momento y no perderse de nada, total, tenían toda la madrugada para recorrer el edificio. Uno de ellos empieza a recorrer el segundo piso, camina, no hay mucho, puertas por un lado, pertas por el otro, la brisa del viento frio se hacía escuchar, la luz de la luna iluminaba el pasillo. Decide sentarse, limpia uno de los asientos y se dispone a disfrutar del momento. En ese momento, suena el radio, era su otro amigo quien se quería comunicar con él.

- ¿Qué pasa?, contesta

- Escúchame, estoy en el tercer piso, pero me encuentro como un poco perdido, el mapa que tengo no coincide mucho, no hay puertas de habitaciones, hay solo salas y esquinas, fíjate tu mapa a ver si es igual.

-Si, ya te digo, espera un minuto que lo busco.

Revisa la mochila, revuelve y saca el mapa, lo abre, lo analiza y encuentra el tercer piso para poder ayudar a su compañero.
-Acá lo tengo, pero primero necesito que me digas en qué lugar estas así te puedo guiar.


- Mirá, estoy en un pasillo un poco corto y en una de las puertas dice habitación 301.

-Tenes que caminar hasta la habitación 309 que está para tu derecha. Ahí, hay una escalera que te conduce al segundo piso, te voy a esperar

- Listo, voy para allá

Pasan unos minutos y en un momento empieza a escuchar los pasos de su amigo que vienen de arriba, escucha un paso, otro paso y otro paso. Deja de escucharlo, pasan unos cinco minutos, su amigo no baja y decide agarrar el radio

-¿Me escuchas?

Pasan unos segundos hasta que su compañero contesta

-Si te escucho. Hay un problema

-¿Huy, que problema, decime?

-Las escaleras, están completamente bloqueadas, no puedo bajar, hay un vacío y si me tiro, me voy a terminar lastimando.

-Bueno, escúchame bien. ¿Ves la habitación 309?

-Si, la veo

-Bueno, ahora vamos a hacer al revés, te vas a ir hasta el final del pasillo, hasta el otro extremo, hasta la habitación 300, ahí, vas a tener que ingresar y vas a ver una escalera de personal en forma de espiral que te traen al segundo.

Pasan unos diez segundos y se escucha la voz de su amigo que contesta con un suspiro..

-Está bien, espérame ahí

Empieza a escuchar por arriba los pasos de su amigo, pasan 20 minutos y no llegaba. Ya estaba un poco enojado porque tampoco lo llamaba. Hasta que escucha por detrás de la puerta la voz de su compañero

-Acá estoy, pero no puedo abrir la puerta

Se sorprende porque es por la misma puerta que él había ingresado, ve la manija de la puerta como se empieza a mover para ser abierta, empieza a temblar.

-¿No la puedes abrir?

Pero su amigo no contesta, solo se escucha como quiere salir, cada vez con más desesperación. Hasta que pasa algo que lo pone aun mas nervioso, desde el otro lado empieza a patear la puerta, mientras la perilla se mueve cada vez más rápido y empieza a creer que si sigue así va a terminar rompiéndola. Se hecha dos pasos hacia atrás y le dice..

-¿Qué te pasa, tranquilizate que la vas a romper, tenes algún problema?

La puerta empezó a vibrar más, con más desesperación. Hasta que en momento algo lo hace saltar a él, le suena el celular, no el radio. Se asusta y atiende, era su amigo que lo llamaba y le dice..

-¿Escuchame, donde estás?

-¿Cómo que donde estoy?, te estoy esperando del otro lado de la puerta

-Mirá por la ventana 

Aun con la puerta temblando del otro lado. Se acerca y ve a su amigo al lado de la camioneta, saludándolo, abriendo los brazos. Su rostro se deforma en la expresión de horror más terrible y en ese momento, se termina de abrir la puerta, lo que sea que haya estado del otro lado, la termina de abrir. La puerta de abre fuerte, de golpe, estallando contra la pared. Él no quiere ver que hay del otro lado y se tira por la ventana. Su amigo desde afuera lo ve caer y grita.

-¿Qué haces loco, que estás haciendo?

Termina de caer, deja la mochila atrás y se arrastra hasta donde está su amigo llorando.

-Salgamos de acá por favor, quiero que nos vayamos ya, hay que irnos de este lugar.


Su compañero que lo esperaba se sienta en el lugar del piloto, enciendo la camioneta, él se mete en el asiento trasero escondiéndose y como alma que se la lleva el diablo se van del lugar mientras que por espejo retrovisor, se dio cuenta que algo los miraba irse desde las ventanas.

viernes, 9 de enero de 2015

Una cita en la facultad


Era un sábado al mediodía, me estaba yendo a jugar al futbol como lo vengo haciendo hace seis meses, cuando mi mejor amigo me mandó un mensaje para salir, me dijo que estaba mal porque su novia lo había dejado y quería ir a tomar algo a algún bar de la ciudad. Le envié un mensaje para confirmarle y prometerle que esta noche no iba a pensar en su ex, que no solo íbamos a ir a tomar algo, sino que además íbamos a ir a bailar. Le pregunté a donde nos encontraríamos para ir y me dijo que lo espere en las escaleras de la facultad a eso de las 22 hs.

Ese sábado pasó volando y cuando me di cuenta, ya eran las 21 hs. Me bañé, me cambié y fui a tomar el colectivo. Estaba muy entusiasmado porque esa noche seguramente la íbamos a pasar muy bien y sobre todo, trataría de buscar alguna chica en el boliche.

Llegué un poco antes de la hora acordada con mi amigo, me senté en las escaleras de la facultad y ahí lo esperé. Ya eran las 23 hs y no aparecía, le mandaba mensajes de texto y no los contestaba, lo llamaba y no atendía. Se hizo media noche y decidí volverme a casa, era obvio que mi amigo no iba a aparecer. Crucé la calle y fui a la parada del colectivo que estaba justo en el bar donde íbamos a ir a tomar alguna cerveza o fernet. Mientras esperaba el colectivo, veo a una hermosa chica que sale del bar, cruza la calle y se sienta en una de las escaleras de la facultad. Era muy linda, como de un metro setenta de estatura, pelo negro, su color de piel era más bien aperlado y ojos color miel. 



Me di vuelta y le pregunté a uno de los mozos si la conocía.

-   Claro que la conozco, ella viene todos los sábados y domingo. Llega a eso de las diez de la noche, se sienta, toma una cerveza y a media noche se cruza a las escaleras de la facultad hasta las dos de la mañana. Es como que esperara a alguien porque siempre está atenta a que llegue alguna amiga, amigo o su novio.

Me hubiese gustado contarles que en ese momento crucé la calle y fui a hablarle, pero no; decidí volver a casa a dormir, pero con una idea en la cabeza. Poder hablar con esa chica al otro dia.
Se hizo domingo, me levanté y decidí ir a la casa de mi amigo. Me cambié, caminé tres cuadras, tomé el colectivo, pagué, me senté y de reojo vi por la ventana a esa hermosa chica que iba caminando. “Esta noche te voy a conocer”, me dije, como tomando el valor necesario para hacerlo.

Llegué a la casa de mi amigo, toqué timbre y me abrió la puerta. Estaba dormido, todo despeinado y con una botella de tequila en la mano

-   ¿Qué te pasó, porque no fuiste anoche como habíamos arreglado?

-   Perdon, me puse a tomar algo y me olvidé completamente que teníamos que salir.

Le dije que no pasaba nada, que no había problema y que es más, le agradecía que no haya ido anoche, porque de otra manera no hubiese conocido a esa hermosa chica. Le hablé un poco de ella y me dio su apoyo. Me dijo que hoy vaya otra vez para ver si tenía suerte con ella y que el lunes le cuente como me había ido.

Me quedé en la casa de mi amigo hasta las tres de la tarde y decidí volver a casa. Esperé el colectivo, me subí, pagué y me senté. Durante todo ese viaje mi cabeza iba pensando en como me presentaría, que le iba a decir para que no me tome como un loco o como un psicópata. En un momento para el colectivo y la vi, era ella que se bajaba y no la había notado cuando subí. No lo podía creer, era mucha casualidad, el destino nos estaba cruzando y esa noche lo comprobaría.

Llegué a casa, hice un poco de ejercicio, me bañé y me puse a ver unas películas. El tiempo voló, mi reloj marcaba las 23 hs y salí. Tomé el colectivo y a eso de las  doce menos cuarto llegué. Me senté en uno de los escalones de la facultad y miraba hacia ese bar para ver si salía o no. Se hicieron las doce y diez y la vi salir. Cruzó la calle y venia hacia donde estaba sentado, la veía solo a ella, su belleza opacaba toda la ciudad y el ruido de los autos. Estaba temblando porque no sabía que le iba a decir. Se me acercó y se sentó al lado mio.

Me miró y me preguntó.

-   ¿A vos también te dejaron plantado?

Con total naturalidad le dije que no, que solo había salido a caminar un poco y me senté a descansar. Se la notaba muy triste.

-   ¿Qué es lo que te pasa?

-   Como tonta vengo todos los fines de semana a esperar a mi novio, pero nunca viene y me parece que esta noche tampoco lo va a hacer.


Estábamos solos, ella y yo ahí. Nos quedamos hablando de nuestras vidas y de cosas que teníamos en común. El tiempo pasó volando y se hicieron las tres de la mañana. Le dije que me tenía que ir, pero agarró mi mano y me dijo que no quería que nos separemos, que quería pasar lo que quedaba de la noche conmigo. Eso para mí fue increíble, estaba saliendo mejor de lo que había pensado. Fuimos a casa y no me acuerdo que es lo que pasó.

Era la mañana del lunes y me desperté con un dolor de cuerpo espantoso, no recordaba nada y esa hermosa chica no estaba. Solo había una nota que decía:

“Anoche, fue maravillosa para mi, la pasé muy bien. Hacía mucho tiempo que no estaba con alguien que tuviese un alma tan exquisita para probar, te esperaré todas las noches en las escaleras de la facultad y así estar juntos por toda la eternidad”

Fue algo muy extraño porque desde ese momento, hay días que tengo el cuerpo helado y todos los días a media noche, alguien golpea la puerta de mi casa, no se si será ella, pero por las dudas, tampoco quiero averiguarlo.

miércoles, 7 de enero de 2015

Solo yo lo recuerdo


Esto es una historia un poco corta, es más, ni siquiera estoy seguro que lo haya vivido, pero aun así, recuerdo todo con mucho detalle.
Yo tenía un hermano, un hermano menor llamado Nicolas. Era cinco años menor y esto sucedió cuando él tenía nueve y yo catorce. Vivíamos cerca de un rio rodeado de árboles, nos gustaba llamarlo “el bosque”, no tenía forma de serlo porque era muy poca la arboleda, pero nos gustaba llamarlo así, alimentaba un poco nuestro juegos de hermanos.

Íbamos siempre a jugar, era nuestro lugar, no había otros vecinos cerca o amigos para invitarlos, éramos los únicos. Un día, volvimos del colegio por la tarde y le dijimos a mamá que merendábamos y nos íbamos a ir a jugar. Ella no se preocupaba porque no estaba lejos de casa y sabía que estaríamos ahí. Llevamos piedritas y unas ramas para jugar a las espadas en la orilla del río, era nuestro pasatiempo mas común aparte de jugar aveces a la pelota.

Nico siempre fue de portarse bien y hacer caso, pero esa tarde estaba empeñado y con ganas de subirse a uno de los árboles que estaban ahí, la rama más grande daba hacia el río y él quería subir para tirarse. Le dije que estaba loco, que se podía lastimar e incluso se podía matar si caía sobre las piedras. En un momento decidió subirse y querer tirarse, le pedía por favor que se baje, pero no me hacía caso. Me enoje y decidí subir también para ir a buscarlo. Estaba muy alto, en un momento escucho que me grita algo, no recuerdo que fue porque no llegué a entender, seguí subiendo y cuando estaba llegando a donde estaba Nicolas, veo que pierde el equilibrio y cae, los dos gritamos, era como si el tiempo hubiese ido muy despacio porque estaba viendo caer a mi hermanito. Cayó contra unas piedras que había en la orilla y se partió la cabeza dándole la muerte en ese mismo momento. Me puse pálido y no podía gritar ni hacer nada, estaba al lado del cuerpo de mi hermanito. Hasta hace unos minutos estaba riendo y ahora está tirado ahí, con la cabeza abierta y litros de sangre que se combinaba con el agua del rio. Me sentía culpable, yo debía cuidar de él y no lo hice.
Inmediatamente corrí a casa, con lagrimas en los ojos y con mucho nervios abrí la puerta, estaba mamá preparando la cena y mi padre se estaba bañando porque recién había llegado del trabajo. Fui a la cocina, no era fácil decirlo, mi mamá se dio vuelta, me miró y me preguntó con voz enojada.

-   ¿Qué te pasa?

Estaba todo sucio, lleno de tierra, llorando y no sabía como decírselo. Hasta que me armé de valor y le dije

-   Mamá, Nico está muerto

Mi madre se quedó mirándome, con cara seria como si estuviese viendo un fantasma y me dijo.

-   ¿Y quien es Nico?

-   ¿Cómo que quien es Nico? Mi hermano, tu hijo o que es lo que te pasa, como me vas a preguntar eso.

Ella solo sonrió y me dijo.

-   Otra vez estas con esos juegos. Espera que salga tu papá del baño y lávate las manos que en un rato ya va a estar la cena.

No entendía nada, porque mi madre no recordaba a mi hermano, no era algo normal. Me puse a recorrer la casa y no había fotos de Nicolas en los cuadros, solo mías y de mis abuelos, fui corriendo al cuarto que compartía con él y solo encontré mi cama, ni siquiera estaban sus juguetes, era como que él nunca haya existido, me estaba volviendo loco. Salí corriendo de casa y me fui a rio, pero él no estaba ahí, era como que la corriente lo hubiese arrastrado, aunque lo más raro era que no había rastros de sangre en el lugar.

Ya pasaron diez años y la policía jamás encontró el cuerpo de ningún niño con sus características. Estuve yendo años al psicólogo para convencerme a mi mismo que él jamás existió, fuera de eso, mi vida fue relativamente normal. En el colegio no lo recordaban, ni los que eran sus compañeros, ni los maestros; jamás hubo un funeral para despedirlo porque para nadie existió. Al parecer solo yo lo recordaba y nadie más, pero me cuesta creer eso, lo recuerdo muy detalladamente a mi hermanito, alguien que al parecer jamás nació y nunca murió.