Quizas todos tengamos un amigo en especial con el que nos gusta salir a tomar algo, ponerse a hablar y hasta aconsejar. Pero estos chicos eran unos amigos muy especiales. ¿Y porque especiales?,
simple, hacían todo junto; pero había una actividad entre tantas que les
encantaba practicar cada uno o dos meses. Ellos lo denominaban como
“exploración urbana”. No hay mucho que explicar de que se trataba, era algo
simple, ir juntos a lugares abandonados por la ciudad, investigaban sobre el
objetivo que se imponían, sacaban fotos desde afuera, lo recorrían días
anteriores, se imaginaban como seria por dentro y sobre todo, como hubiese sido
cuando funcionaba ese lugar. Pero había algo que les encantaba hacer cuando
iban a esos lugares, les encantaba ir de noche para alimentar el morbo y la
adrenalina de la actividad.
Los lugares que mayormente frecuentaban eran casas por la ciudad
o por el pueblo, su pasión era tal por esta actividad, que a veces llegaban a
manejar por tres horas hasta el lugar, se hacían conocer en esos lugares y
cuando había un lugar nuevo por explorar, los llamaban y le pasaban el dato.
Llegó un día que se aburrían de ir siempre a simples casas, hasta que ese mismo
día, cuando estaban charlando sobre ver si seguían o no haciendo eso, alguien,
por teléfono les contó sobre un hospital que estaba abandonado hace 20 años.
Quedaba lejos, fuera de la ciudad y fuera del pueblo de la misma,
debían manejar unas seis horas hasta llegar al lugar. Era algo extraño porque
se pusieron a buscar información por internet y no consiguieron nada, por un
momento pensaron que era una broma, incluso sospechaban de que fuese mentira
porque era un edificio un poco grande para estar tan lejos. Decidieron ir a una
biblioteca y consiguieron un mapa del edificio en una computadora donde se
podía averiguar sobre diarios viejos, les gustaba hacer las cosas bien, eran
chicos aplicados para eso. Por ejemplo, cada uno llevaba su propia linterna,
dentro de sus mochilas tenían pilas y baterías de repuesto por si llegaban a
quedarse sin pilas. Incluso se encargaban de llevar cantimploras con agua, un
botiquín con algodón y alcohol por si alguno de ellos se lastimaba y por sobre
todas las cosas, llevaban sus celulares cargados y con saldo para hacer
llamadas por las dudas.
Llegó el día tan esperado, eran alrededor de las 23 hs cuando se
acercaban con su camioneta al hospital, era un edificio de unos seis pisos más o menos, su estado de
abandono era tal, que incluso con la poca luz de la noche, se notaba el
deterioro de la fachada por fuera. Bajaron de la camioneta, agarraron sus
mochilas, le pusieron el respectivo seguro y se encaminaron a intentar entrar.
Lo recorrieron por fuera mientras le sacaban algunas fotos. Tuvieron que
ingresar por una ventana trasera sin vidrios porque la puerta estaba cerrada
con un candado y se hacía imposible ingresar. Su mayor miedo era cruzarse con
algún vagabundo o algún delincuente que se escondiese ahí, pero estaban muy
lejos del pueblo y sobre todo, de la ciudad como para que alguien utilice ese lugar para vivir.
Cuando ingresaron por la ventana, entraron a una sala de
operaciones, no había más luz que la de la noche y la de sus linternas, una
camilla se encontraba abandonada, con el acero oxidado, abrieron la puerta de
la sala y pasaron a un pasillo enorme, tanto para la derecha, como para la
izquierda.
Los chicos empezaron a caminar, todo estaba en profundo silencio,
pasaron por una enfermería, una sala de espera y por donde estaría en aquel
momento la recepción del lugar. Hacia frio aquella noche, ellos estaban muy
bien abrigados, pero ahí adentro, sentían un frio muy especial, algo que les
traspasaba las camperas. Continuaron caminando, pasaron esta vez por una sala
de terapia intensiva, las sabanas de las camillas estaban sucias, llenas de
polvo al igual que el piso de las habitaciones; se notaba muy bien que hacía
mucho tiempo que nadie entraba. Llegaron al final del pasillo y encontraron las
escaleras que los llevarían a los pisos de arriba. Habia algo que a ellos les
gustaba hacer cuando iban a casas muy grandes y que les parecía divertido, uno
de ellos dijo: “hay que separarnos”.
Como ellos eran muy precavidos, llevaban un radio, una especie
de walkie talkie para comunicarse entre ellos por si acaso. Deciden separarse,
tenían personalidad muy distintas a la hora de explorar, a uno le encantaba
verlo todo, recorrer bien el lugar, y al otro, le gustaba ver más los detalles,
aprovechar el momento y no perderse de nada, total, tenían toda la madrugada
para recorrer el edificio. Uno de ellos empieza a recorrer el segundo piso,
camina, no hay mucho, puertas por un lado, pertas por el otro, la brisa del
viento frio se hacía escuchar, la luz de la luna iluminaba el pasillo. Decide
sentarse, limpia uno de los asientos y se dispone a disfrutar del momento. En
ese momento, suena el radio, era su otro amigo quien se quería comunicar con
él.
- ¿Qué pasa?, contesta
- Escúchame, estoy en el
tercer piso, pero me encuentro como un poco perdido, el mapa que tengo no
coincide mucho, no hay puertas de habitaciones, hay solo salas y esquinas,
fíjate tu mapa a ver si es igual.
-Si, ya te digo, espera un minuto que lo busco.
Revisa la mochila, revuelve y saca el mapa, lo abre, lo analiza
y encuentra el tercer piso para poder ayudar a su compañero.
-Acá lo tengo, pero primero necesito que me digas en qué lugar
estas así te puedo guiar.
- Mirá,
estoy en un pasillo un poco corto y en una de las puertas dice habitación 301.
-Tenes que caminar hasta la habitación 309 que está para tu
derecha. Ahí, hay una escalera que te conduce al segundo piso, te voy a esperar
- Listo,
voy para allá
Pasan unos minutos y en un momento empieza a escuchar los pasos
de su amigo que vienen de arriba, escucha un paso, otro paso y otro paso. Deja
de escucharlo, pasan unos cinco minutos, su amigo no baja y decide agarrar el
radio
-¿Me escuchas?
Pasan unos segundos hasta que su compañero contesta
-Si te
escucho. Hay un problema
-¿Huy, que problema, decime?
-Las
escaleras, están completamente bloqueadas, no puedo bajar, hay un vacío y si me
tiro, me voy a terminar lastimando.
-Bueno, escúchame bien. ¿Ves la habitación 309?
-Si, la veo
-Bueno, ahora vamos a hacer al revés, te vas a ir hasta el final
del pasillo, hasta el otro extremo, hasta la habitación 300, ahí, vas a tener
que ingresar y vas a ver una escalera de personal en forma de espiral que te
traen al segundo.
Pasan unos diez segundos y se escucha la voz de su amigo que
contesta con un suspiro..
-Está bien, espérame ahí
Empieza a escuchar por arriba los pasos de su amigo, pasan 20
minutos y no llegaba. Ya estaba un poco enojado porque tampoco lo llamaba.
Hasta que escucha por detrás de la puerta la voz de su compañero
-Acá estoy,
pero no puedo abrir la puerta
Se sorprende porque es por la misma puerta que él había
ingresado, ve la manija de la puerta como se empieza a mover para ser abierta,
empieza a temblar.
-¿No la puedes abrir?
Pero su amigo no contesta, solo se escucha como quiere salir,
cada vez con más desesperación. Hasta que pasa algo que lo pone aun mas
nervioso, desde el otro lado empieza a patear la puerta, mientras la perilla se
mueve cada vez más rápido y empieza a creer que si sigue así va a terminar
rompiéndola. Se hecha dos pasos hacia atrás y le dice..
-¿Qué te pasa, tranquilizate que la vas a romper, tenes algún
problema?
La puerta empezó a vibrar más, con más desesperación. Hasta
que en momento algo lo hace saltar a él, le suena el celular, no el radio. Se
asusta y atiende, era su amigo que lo llamaba y le dice..
-¿Escuchame,
donde estás?
-¿Cómo que donde estoy?, te estoy esperando del otro lado de la
puerta
-Mirá por la ventana
Aun con la puerta temblando del otro lado. Se acerca y ve a su
amigo al lado de la camioneta, saludándolo, abriendo los brazos. Su rostro se deforma
en la expresión de horror más terrible y en ese momento, se termina de abrir la
puerta, lo que sea que haya estado del otro lado, la termina de abrir. La
puerta de abre fuerte, de golpe, estallando contra la pared. Él no quiere ver
que hay del otro lado y se tira por la ventana. Su amigo desde afuera lo ve
caer y grita.
-¿Qué haces
loco, que estás haciendo?
Termina de caer, deja la mochila atrás y se arrastra hasta donde
está su amigo llorando.
-Salgamos de acá por favor, quiero que nos vayamos ya, hay que
irnos de este lugar.
Su compañero que lo esperaba se sienta en el lugar del piloto,
enciendo la camioneta, él se mete en el asiento trasero escondiéndose y como
alma que se la lleva el diablo se van del lugar mientras que por espejo
retrovisor, se dio cuenta que algo los miraba irse desde las ventanas.