domingo, 11 de octubre de 2015

El miedo de Lucia

La pequeña Lucia, noche por medio, temía por su vida; sobre todo cuando su mamá la saludaba y la luz se apagaba, sabía que ese monstruo estaba cerca y muy fuerte a sus muñecas ella se abrazaba.

Esa niña sufría en silencio porque sabía que nadie le creería, le dirían que es todo producto de su imaginación porque solo es una nena que no llega a los siete años y que ese monstruo con garras y dientes, su cuarto visitaba.

Empezó a escuchas esos pasos en el pasillo y sabía que ese monstruo estaba ahí, esperando a que su mamá se fuese. Pero esta noche sería muy diferente, la niña, esta vez, estaba preparada. Había tomado un cuchillo de la cocina y esa noche, se sentía con mucha confianza.

El monstruo abrió la puerta muy sigilosamente, entró al cuarto de la pequeña y con sus terribles garras empezó a acariciar la almohada.

La niña tomó coraje y valiente como muy pocas, le clavó el cuchillo en la garganta, el monstruo empezó a los gritos manchando paredes y el piso, Lucia esa noche tuvo consuelo, porque esa noche el monstruo no pudo vencerla.


La pequeña niña, nunca más tuvo miedo ni se arrepintió de su actuar, ese monstruo murió desangrado y su padre, jamás la volvió a tocar.


lunes, 6 de julio de 2015

Habitación 27

Era nuestro último año como compañeros de colegio, mientras algunos decidieron viajar a Bariloche como lo hacen la mayoría que terminan la secundaria; haciendo grupo aparte con mis amigos, decidimos emprender un viaje con otro destino en la misma fecha.

Queríamos cambiar un poco y junto a tres de mis mejores amigos partimos hacia algún pueblo lejos de la ciudad, era más atractivo para nosotros. Ninguno recuerda bien en que parte de la provincia habíamos llegado, ese era el chiste, recordar el camino para después volver pero no saber donde estaríamos esa semana.

Llegamos a un pequeño pueblo rural que vivía del turismo y tenía uno que dos paradores con habitaciones para quedarse ahí. La suerte, si se puede decir así, cayó de nuestro lado al encontrar un lindo hotel medianamente grande y con habitaciones; asique decidimos parar ahí por unos días.

Con gran entusiasmo nos acercamos a la administración, una hermosa chica nos recibió muy amablemente y nos comentó que una fiesta habría esa noche en el lugar porque iba a ser re inaugurado, el hotel, con su fachada antigua de cuatro pisos, pero re modelado, era hermoso, estar ahí te daba la sensación de haber viajado 60 años atrás, pero con una sola diferencia, teníamos prohibido subir a las habitaciones del cuarto piso.

La hermosa chica nos contó que ese piso se había clausurado hace veinte años por una noticia que recorrió el país y había perjudicado mucho al pueblo, ella era muy chica cuando eso pasó y aún recuerda a su padre contando la noticia durante la cena veinte años atrás pero que no quería entrar en detalles, solamente nos pedía eso, no subir y mucho menos entrar en la habitación número 27.

Siempre nos llevamos bien con mis amigos porque éramos un poco escépticos con esos casos, pero esa noche había un fiesta y les pregunté si alguno me quería acompañar a subir al cuarto piso, se reían, me pedían que no moleste, que vaya a la fiesta, ellos querían conocer alguna chica ahí y disfrutar esa semana que nos quedaríamos en el lugar, pero mi inmadurez me llevó a subir sin compañía.

Eran las diez de la noche y mis amigos bajaron a la fiesta, me pidieron que lo piense dos veces y que baje a la fiesta. Caminé hasta la mitad del pasillo y llamé el ascensor, marqué el botón número cuatro para subir y hasta ahí fui. Era verdad, ese piso estaba completamente abandonado, las maderas hinchadas por la humedad se hacían notar en cuanto puse un pie fuera del ascensor, una lámpara  con una luz amarilla y muy tenue iluminaba un poco del pasillo, con ayuda del celular empecé a iluminar mi camino, las puertas viejas hacian notar el paso de los años, hasta que mirando una por una encontré esa habitación, la número 27, era una mas al lado de las otras, asique caminé un poco hacia atrás y me dejé llevar por mi escepticismo, me arrodillé y me asomé a ver por la cerradura hacia su interior. La poca luz de la luna iluminaba esa habitación, era asombroso, no se había entrado ahí en años, sin necesidad de entrar uno se daba cuenta, pero a un costado, algo me llamó la atención, era una mujer, estaba ahí adentro, sola, cerca de la cama y sentada en una silla; se mecía muy suavemente de atrás hacia delante , un frio corrió por todo mi cuerpo, me paré y crujió una de las maderas. Empecé a caminar hacia el ascensor sin mirar atrás, me metí, cerré la puerta y al darme cuenta que no me había seguido nadie, me quedé esperando por diez segundo ahí adentro.

Decidí volver y comprobar lo que había visto, cualquiera en mi lugar se hubiese ido del lugar. Empecé a caminar hacia esa puerta, miraba atrás rogando que nadie llame el ascensor desde planta baja por las dudas. Llegué, tomé coraje y me volví a asomar, pero ese interior no se veía más, se volvió todo rojo, como si alguien hubiese puesto un vidrio de ese color tras la puerta, pero alejando un poco mi visión era como un espejo, me reflejaba a mí, me volví a asomar y ese rojo era como algo liquido tras la puerta. Me paré y empecé a caminar, casi corriendo, tenía la mente en blanco porque algo me decía que me tenía que ir de ese piso, entré al ascensor mirando hacia atrás confirmando nuevamente que nadie me seguía y bajé. Mi susto fue tal que empezaba a llorar llegando a la planta baja.

En cuanto  bajé fui en busca de la chica que nos atendió en la recepción, la espere diez minutos hasta que ella se acercó y le conté lo que había hecho.

-       Perdón, hice lo que nos pediste que no hagamos, le decía entre lágrimas.

-       Subí al cuarto piso y me asomé a la habitación 27

-       ¿Por qué hiciste eso?, les pedí por favor que no lo hagan

Empecé a llorar y ella como podía me intentaba consolar, repitiéndome que no le debía haber hecho, pero cuando el susto se empezó a ir de mí le pedí que me cuente que es lo que había pasado y porque clausuraron todo ese piso, no quería darme detalles hasta que por casi cansancio propio accedió a contarme


-       Está bien, te cuento, hace veinte años, una mujer fue asesinada por el marido a golpes, le pegó tanto que le terminó desfigurando todo el rostro, fue algo tan horrible y nos perjudicó tanto a nosotros que la gente empezó a dejar de venir y quienes se hospedaban en ese piso no pasaban de una noche porque escuchaban gritos o golpes en sus paredes. Pero lo más terrible de ese asesinato es que la saña del marido fue tal que le terminó reventando los ojos a golpes y cuando la encontraron los tenia completamente rojos de la sangre.


lunes, 29 de junio de 2015

El primer y único encuentro

Siempre hemos sido muy cercanos,  desde que llegué a este mundo, muchas veces casi lo dejo en varios momentos de mi vida.

Ya desde chico, era un nene muy enfermo, los hospitales eran mi casa durante gran parte de cada año de mi vida.  A ella la vi muchas veces, siempre  dando vueltas por mi habitación o cruzando por la puerta de la sala mientras merodeaba por el pasillo de los hospitales.

No, no le tengo miedo a esta altura de mi vida, sufrí tanto desde muy pequeño que deseo saber que misterios se esconden del otro lado y saber como es su mundo, que hay en él; siento que la vida no esconde ningún misterio, nada interesante para mi, pero hoy, hoy por fin viene a buscarme; siento que voy a perder, estoy inconsciente y no tengo fuerzas para pelear.

Los médicos hacen todo lo posible para evitarlo, pero me gustaría poder decirles que todo el trabajo que están haciendo es en vano, pero ellos, en cierta parte lo saben, aun así, intentan salvarme con todo lo que tienen a mano.
La veo acercarse, es ella, no es un esqueleto con una túnica negra como la describen, no es un hombre ni es una mujer, es un ser con una luz blanca que irradia paz y tranquilidad al verlo.

-¿Venis a buscarme?, le pregunte  con emoción

-Si…, contestó con una voz suave y pacífica

Le dije que estaba muy feliz de verla porque por fin iba a revelar sus secretos y los de su mundo, esos secretos que lo podemos saber solamente quienes pasamos a su dimensión y no podemos volver

-Yo no encierro ningún secreto, me dijo inclinando un poco la cabeza

-La vida si que es misteriosa, pero muy pocos logran darse cuenta y apreciarla

-¿La vida?, le pregunté

-¿ Que tiene de misteriosa la vida?. No hay nada interesante ahí, es solo una transición para llegar a vos, una transición a la que no le encuentro sentido. En cambio sobre vos, no sabemos nada. Se acercó un poco mas y me dijo…

- El único misterio que hay sobre mi es cuando llegaré y que forma tendré, fuera de eso no hay nada más. En este momento te vendrás conmigo y entrarás en un sueño eterno del que nunca más vas a poder despertar, entrarás en una nada total y dejarás de existir para siempre y eso es todo. No hay nada más, no hay misterios. En cambio la vida, es tan extraña. Nunca sabes que va a pasar al otro dia, hay muchas posibilidades abiertas, hacer lo que quieras, ir a donde quieras, explorar el mundo y descubrir los cientos de miles de secretos que hay por ahí. ¿Para que fuiste mandado a la tierra? ¿ Cual es el sentido de la vida?. Eso si es un misterio. Pero ahora que estas conmigo y en mi mundo no tienes nada mas que descubrir. Ustedes, irónicamente viven pensando en mi, ignorando lo lindo de todo lo que hay delante de sus ojos mientras viven.


En cuanto termina de hablar, siento como me toca con su mano  mi frente y mis pensamientos empiezan a desaparecer, ahora me estoy dando cuenta que ella no era tan interesante y con lo último de voluntad que me quedaba, logré llegar a una conclusión antes de irme al sueño eterno.. “La vida es mucho más interesante y misteriosa, pero no la valoramos y tampoco la entendemos, ni siquiera estando vivo hasta que caemos en el sueño hacia la eternidad”


miércoles, 11 de febrero de 2015

"Nunca más"

Martin era un chico pre adolescente o casi un niño de apenas once años. Pero Martin, tenía un gran problema. Para empezar, hay que decir que no tenía papá ni hermanos, eso si, tenia mamá; pero era lo mismo que nada.

Su mamá era una mujer muy mala porque lo maltrataba psicológicamente, le pegaba, lo humillaba todas las veces que podía. Lo despertaba a cachetadas o a cintazos durante la madrugada cuando tomaba mucho y lo hacía dormir afuera. Simplemente porque se le daba las ganas. Le hacía bromas pesadas cuando podía; por ejemplo, cuando Martin se iba a sentar a cenar, ella pasaba por al lado y le sacaba la silla para que se caiga. Su vida era muy difícil.

La madre de vez en cuando le hablaba de sus amantes y de los hombres con los que se acostaba, le decía que su papá era una basura y mal tipo y por lo tanto él iba a ser lo mismo; de vez en cuando le decía que hubiese preferido tener una hija mujer pero que de la manera en que él lloraba se parecía mucho a una niña, incluso, en lugar de llamarlo por su nombre, a veces le decía marica. Está claro que la mujer tenía un grave problema mental a pesar de su alcoholismo y que a pesar de todo lo que vivía Martin en su casa, al no tener un modelo de madre buena, él, era bueno con los demás, era inocente y amaba mucho a su mamá. Pero ella eso no lo veía y las cosas cada vez se ponían peor porque ahora a ella se le daba por apagarle los cigarrillos en la palma de la mano o en el nuca de Martin cuando él estaba distraído jugando. Martin lloraba del dolor, ella le decía que si no se lo aguantaba era un marica y el pequeño niño la miraba y le decía “si” con la cara mientras se ponía colorado intentando aguantar tanto dolor.

Una de esas noches frias, el pequeño se estaba lavando la cara en el baño después de haber llorado mucho y no le gustaba mirarse en el espejo porque para él era humillante, se sentía muy agitado por la última paliza que le había dado su mamá. A Martin le iba a costar dormir como todas las noches, porque lloraba y generalmente tenía mucho frio porque su mamá no le compraba frazadas para que se tape, pero él se las arreglaba con sus sabanas.

Esa noche, cuando estaba logrando conciliar el sueño, escucha que alguien toca la puerta de la casa tres veces. El niño se levanta asustado y va inmediatamente a ver por la ventana quien era, pero asustado por miedo a que sigan golpeando y se despierte su madre que hacia una rato largo ya estaba durmiendo. Mira por la ventana y ve que abajo, hay una niña golpeando la puerta, una niña mucho mas chica que él. Martin es un niño muy inocente y no piensa que quizás atrás de esa nena, haya alguien que la esté usando para entrar a robar a la casa, él no piensa eso, Martin baja las escaleras intentando hacer el menor ruido posible para que su mamá no se despierte.

Abre la puerta y ve a la niña ahí parada, se queda mirándola y nota que ella está pálida, tenia un poco de sangre que le salía de los labios y los ojos eran completamente negros, parecía que a la niña le habían dado una fuerte golpiza. Se miran por unos segundos y ella le pregunta

-   ¿Te molesta si me quedo a dormir esta noche acá? Hace mucho frio afuera

-   Entrá, no tengo mucho para ofrecerte, pero si querés, podes dormir en mi cama, yo me quedo a dormir en la silla. Eso si, tenes que irte temprano porque si mamá te ve, va a ser peor para vos y para mi

Ambos suben muy despacio por la escalera, caminan por el pasillo hacia el cuarto de Martin haciendo el menor ruido posible y él como un caballero, la tapa y se queda viéndola dormir y mas tarde él se duerme también.

A la mañana siguiente, se despierta de golpe porque su mamá le estaba apoyando una taza de café caliente sobre un cachete de la cara y le pregunta de manera cruel y a los gritos

-   ¿Qué es todo ese barro que está en tu cama infeliz? ¿Qué es todo el barro que está en el comedor y por el pasillo, que hiciste anoche sucio de mierda?

Martin se empieza a agitar del susto pero al mismo tiempo se alivia porque nota que la niña se fue y no está. Pero él no le va a contar a la mamá que anoche hizo pasar a una nena a la casa, lo hace para protegerla. Al no darle respuestas, la madre agarra la escoba, le empieza a pegar y con un cinto le pega en la cara. Esa mañana, él no va al colegio porque tenía la cara muy lastimada. Pero unos días más adelante si, va solo al colegio porque su mamá no lo va a llevar, a ella eso no le importa. Pero en el camino, ve algo que le parte el alma, pasa por un local donde venden televisores usados y los noticieros estaban dando la noticia de la muerte de esa niña que fue a visitarlo, la reconoce porque ponen la foto de ella en la pantalla. La noticia ya tiene unos días, pero él no lo sabe. Decide seguir camino al colegio y a la vuelta pasar por todos los lugares donde haya un noticiero. En ese momento es cuando se entera que la niña había muerto cinco días atrás porque su papá le pegaba y una noche le dio una golpiza tan fuerte, que terminó con su vida.

El pequeño decide volver a casa con el miedo de que su mamá no esté enojada y ya tenia en mente ese temor que a él le pase lo mismo que a esa niña. Llega a su casa y la mamá no estaba, asi que decide ir a pegarse un baño y llorar ahí.

Martin se había hecho mucha ilusión de por ahí ir a jugar un dia con la niña, pensaba que podía ser su nueva amiga, fantasía completamente rota. Esa misma noche, después de comer algunas sobras de lo que le dejó su mamá de lo que era la cena, intenta dormir y en eso siente que una mano pequeña le acaricia la cara y sabe que es la niña que está ahí, él no la ve, pero la siente y se da cuenta que es ella porque en un momento se le acerca al oído y le dice muy suavemente “Nunca mas, nunca más”. En eso se duerme en un sueño profundo y se despierta una hora mas tarde escuchando unos gritos de dolor que venían del cuarto de su mamá, se levanta y corre por el pasillo, abre la puerta y la ve a su madre atada de pies y manos y encima de ella una pequeña figura con un cuchillo que le va  haciendo cortes clavándoselo por todo el cuerpo, el cuarto está bañado en sangre, los ojos de la mujer están en blanco pero sigue gritando de dolor, en eso, el descubre que es esa misma niña porque se da vuelta, lo mira y con una voz muy baja le vuelve a repetir por última vez, “Nunca más, nunca más”, en eso, la niña clava el cuchillo en el cuello de la mujer y el pequeño Martin se desmaya.

A la mañana se despierta asustado y se acerca al cuarto de la madre, el corazón le latia muy fuerte, los recuerdos de esa noche volvían todos al mismo tiempo, abre la puerta imaginándose en el estado en que encontraría a su madre, pero no pasa eso. Como si tuviese una madre normal, encuentra su cuarto totalmente limpio, la cama hecha, las cortinas blancas y un leve brisa entraba por la ventana. El niño no encuentra a su madre por ningún lado y nunca más la va a encontrar, su madre había desaparecido. El niño crece y se cria con sus abuelos paternos que lo querían mucho, pero no lo veían hace mucho. Los años pasan y Martin se vuelve un adulto, incluso pasa mucho mas tiempo y arma su familia, se casa y tiene dos hijos, un nene y una nena.

A la nena le puso Amanda porque había imaginado que asi se llamaba su amiguita. Una noche, él estaba acostando a sus hijos, les da el beso de buenas noches y decide ir por una taza de café, cuando de golpe escucha unos gritos allá en la calle, los gritos vienen de la casa de enfrente, vienen de la casa de unos vecinos a los que a él le desagradan mucho porque sospecha que el padre de la familia, le pega a una de sus hijas. Martin decide salir a la calle y pararse en el cordón de la verada dispuesto a intervenir, pero lo que escucha ya no son los gritos que venían de la casa, los escucha, son los pasos de alguien que una niña pequeña que viene corriendo por la calle y dispuesta a entrar a la casa de sus vecinos, pero antes de hacerlo, la pequeña de piel fría y ojos negros, se da vuelta, lo mira y casi al mismo tiempo y terminando la frase de ella, ambos repitieron “Nunca más, nunca más, nunca más”


domingo, 25 de enero de 2015

"Ese algo" detrás de la puerta

Quizas todos tengamos un amigo en especial con el que nos gusta salir a tomar algo, ponerse a hablar y hasta aconsejar. Pero estos chicos eran unos amigos muy especiales. ¿Y porque especiales?, simple, hacían todo junto; pero había una actividad entre tantas que les encantaba practicar cada uno o dos meses. Ellos lo denominaban como “exploración urbana”. No hay mucho que explicar de que se trataba, era algo simple, ir juntos a lugares abandonados por la ciudad, investigaban sobre el objetivo que se imponían, sacaban fotos desde afuera, lo recorrían días anteriores, se imaginaban como seria por dentro y sobre todo, como hubiese sido cuando funcionaba ese lugar. Pero había algo que les encantaba hacer cuando iban a esos lugares, les encantaba ir de noche para alimentar el morbo y la adrenalina de la actividad.

Los lugares que mayormente frecuentaban eran casas por la ciudad o por el pueblo, su pasión era tal por esta actividad, que a veces llegaban a manejar por tres horas hasta el lugar, se hacían conocer en esos lugares y cuando había un lugar nuevo por explorar, los llamaban y le pasaban el dato. Llegó un día que se aburrían de ir siempre a simples casas, hasta que ese mismo día, cuando estaban charlando sobre ver si seguían o no haciendo eso, alguien, por teléfono les contó sobre un hospital que estaba abandonado hace 20 años.

Quedaba lejos, fuera de la ciudad y fuera del pueblo de la misma, debían manejar unas seis horas hasta llegar al lugar. Era algo extraño porque se pusieron a buscar información por internet y no consiguieron nada, por un momento pensaron que era una broma, incluso sospechaban de que fuese mentira porque era un edificio un poco grande para estar tan lejos. Decidieron ir a una biblioteca y consiguieron un mapa del edificio en una computadora donde se podía averiguar sobre diarios viejos, les gustaba hacer las cosas bien, eran chicos aplicados para eso. Por ejemplo, cada uno llevaba su propia linterna, dentro de sus mochilas tenían pilas y baterías de repuesto por si llegaban a quedarse sin pilas. Incluso se encargaban de llevar cantimploras con agua, un botiquín con algodón y alcohol por si alguno de ellos se lastimaba y por sobre todas las cosas, llevaban sus celulares cargados y con saldo para hacer llamadas por las dudas.

Llegó el día tan esperado, eran alrededor de las 23 hs cuando se acercaban con su camioneta al hospital, era un edificio  de unos seis pisos más o menos, su estado de abandono era tal, que incluso con la poca luz de la noche, se notaba el deterioro de la fachada por fuera. Bajaron de la camioneta, agarraron sus mochilas, le pusieron el respectivo seguro y se encaminaron a intentar entrar. Lo recorrieron por fuera mientras le sacaban algunas fotos. Tuvieron que ingresar por una ventana trasera sin vidrios porque la puerta estaba cerrada con un candado y se hacía imposible ingresar. Su mayor miedo era cruzarse con algún vagabundo o algún delincuente que se escondiese ahí, pero estaban muy lejos del pueblo y sobre todo, de la ciudad como para que alguien  utilice ese lugar para vivir.
Cuando ingresaron por la ventana, entraron a una sala de operaciones, no había más luz que la de la noche y la de sus linternas, una camilla se encontraba abandonada, con el acero oxidado, abrieron la puerta de la sala y pasaron a un pasillo enorme, tanto para la derecha, como para la izquierda. 

Los chicos empezaron a caminar, todo estaba en profundo silencio, pasaron por una enfermería, una sala de espera y por donde estaría en aquel momento la recepción del lugar. Hacia frio aquella noche, ellos estaban muy bien abrigados, pero ahí adentro, sentían un frio muy especial, algo que les traspasaba las camperas. Continuaron caminando, pasaron esta vez por una sala de terapia intensiva, las sabanas de las camillas estaban sucias, llenas de polvo al igual que el piso de las habitaciones; se notaba muy bien que hacía mucho tiempo que nadie entraba. Llegaron al final del pasillo y encontraron las escaleras que los llevarían a los pisos de arriba. Habia algo que a ellos les gustaba hacer cuando iban a casas muy grandes y que les parecía divertido, uno de ellos dijo: “hay que separarnos”.

Como ellos eran muy precavidos, llevaban un radio, una especie de walkie talkie para comunicarse entre ellos por si acaso. Deciden separarse, tenían personalidad muy distintas a la hora de explorar, a uno le encantaba verlo todo, recorrer bien el lugar, y al otro, le gustaba ver más los detalles, aprovechar el momento y no perderse de nada, total, tenían toda la madrugada para recorrer el edificio. Uno de ellos empieza a recorrer el segundo piso, camina, no hay mucho, puertas por un lado, pertas por el otro, la brisa del viento frio se hacía escuchar, la luz de la luna iluminaba el pasillo. Decide sentarse, limpia uno de los asientos y se dispone a disfrutar del momento. En ese momento, suena el radio, era su otro amigo quien se quería comunicar con él.

- ¿Qué pasa?, contesta

- Escúchame, estoy en el tercer piso, pero me encuentro como un poco perdido, el mapa que tengo no coincide mucho, no hay puertas de habitaciones, hay solo salas y esquinas, fíjate tu mapa a ver si es igual.

-Si, ya te digo, espera un minuto que lo busco.

Revisa la mochila, revuelve y saca el mapa, lo abre, lo analiza y encuentra el tercer piso para poder ayudar a su compañero.
-Acá lo tengo, pero primero necesito que me digas en qué lugar estas así te puedo guiar.


- Mirá, estoy en un pasillo un poco corto y en una de las puertas dice habitación 301.

-Tenes que caminar hasta la habitación 309 que está para tu derecha. Ahí, hay una escalera que te conduce al segundo piso, te voy a esperar

- Listo, voy para allá

Pasan unos minutos y en un momento empieza a escuchar los pasos de su amigo que vienen de arriba, escucha un paso, otro paso y otro paso. Deja de escucharlo, pasan unos cinco minutos, su amigo no baja y decide agarrar el radio

-¿Me escuchas?

Pasan unos segundos hasta que su compañero contesta

-Si te escucho. Hay un problema

-¿Huy, que problema, decime?

-Las escaleras, están completamente bloqueadas, no puedo bajar, hay un vacío y si me tiro, me voy a terminar lastimando.

-Bueno, escúchame bien. ¿Ves la habitación 309?

-Si, la veo

-Bueno, ahora vamos a hacer al revés, te vas a ir hasta el final del pasillo, hasta el otro extremo, hasta la habitación 300, ahí, vas a tener que ingresar y vas a ver una escalera de personal en forma de espiral que te traen al segundo.

Pasan unos diez segundos y se escucha la voz de su amigo que contesta con un suspiro..

-Está bien, espérame ahí

Empieza a escuchar por arriba los pasos de su amigo, pasan 20 minutos y no llegaba. Ya estaba un poco enojado porque tampoco lo llamaba. Hasta que escucha por detrás de la puerta la voz de su compañero

-Acá estoy, pero no puedo abrir la puerta

Se sorprende porque es por la misma puerta que él había ingresado, ve la manija de la puerta como se empieza a mover para ser abierta, empieza a temblar.

-¿No la puedes abrir?

Pero su amigo no contesta, solo se escucha como quiere salir, cada vez con más desesperación. Hasta que pasa algo que lo pone aun mas nervioso, desde el otro lado empieza a patear la puerta, mientras la perilla se mueve cada vez más rápido y empieza a creer que si sigue así va a terminar rompiéndola. Se hecha dos pasos hacia atrás y le dice..

-¿Qué te pasa, tranquilizate que la vas a romper, tenes algún problema?

La puerta empezó a vibrar más, con más desesperación. Hasta que en momento algo lo hace saltar a él, le suena el celular, no el radio. Se asusta y atiende, era su amigo que lo llamaba y le dice..

-¿Escuchame, donde estás?

-¿Cómo que donde estoy?, te estoy esperando del otro lado de la puerta

-Mirá por la ventana 

Aun con la puerta temblando del otro lado. Se acerca y ve a su amigo al lado de la camioneta, saludándolo, abriendo los brazos. Su rostro se deforma en la expresión de horror más terrible y en ese momento, se termina de abrir la puerta, lo que sea que haya estado del otro lado, la termina de abrir. La puerta de abre fuerte, de golpe, estallando contra la pared. Él no quiere ver que hay del otro lado y se tira por la ventana. Su amigo desde afuera lo ve caer y grita.

-¿Qué haces loco, que estás haciendo?

Termina de caer, deja la mochila atrás y se arrastra hasta donde está su amigo llorando.

-Salgamos de acá por favor, quiero que nos vayamos ya, hay que irnos de este lugar.


Su compañero que lo esperaba se sienta en el lugar del piloto, enciendo la camioneta, él se mete en el asiento trasero escondiéndose y como alma que se la lleva el diablo se van del lugar mientras que por espejo retrovisor, se dio cuenta que algo los miraba irse desde las ventanas.

viernes, 9 de enero de 2015

Una cita en la facultad


Era un sábado al mediodía, me estaba yendo a jugar al futbol como lo vengo haciendo hace seis meses, cuando mi mejor amigo me mandó un mensaje para salir, me dijo que estaba mal porque su novia lo había dejado y quería ir a tomar algo a algún bar de la ciudad. Le envié un mensaje para confirmarle y prometerle que esta noche no iba a pensar en su ex, que no solo íbamos a ir a tomar algo, sino que además íbamos a ir a bailar. Le pregunté a donde nos encontraríamos para ir y me dijo que lo espere en las escaleras de la facultad a eso de las 22 hs.

Ese sábado pasó volando y cuando me di cuenta, ya eran las 21 hs. Me bañé, me cambié y fui a tomar el colectivo. Estaba muy entusiasmado porque esa noche seguramente la íbamos a pasar muy bien y sobre todo, trataría de buscar alguna chica en el boliche.

Llegué un poco antes de la hora acordada con mi amigo, me senté en las escaleras de la facultad y ahí lo esperé. Ya eran las 23 hs y no aparecía, le mandaba mensajes de texto y no los contestaba, lo llamaba y no atendía. Se hizo media noche y decidí volverme a casa, era obvio que mi amigo no iba a aparecer. Crucé la calle y fui a la parada del colectivo que estaba justo en el bar donde íbamos a ir a tomar alguna cerveza o fernet. Mientras esperaba el colectivo, veo a una hermosa chica que sale del bar, cruza la calle y se sienta en una de las escaleras de la facultad. Era muy linda, como de un metro setenta de estatura, pelo negro, su color de piel era más bien aperlado y ojos color miel. 



Me di vuelta y le pregunté a uno de los mozos si la conocía.

-   Claro que la conozco, ella viene todos los sábados y domingo. Llega a eso de las diez de la noche, se sienta, toma una cerveza y a media noche se cruza a las escaleras de la facultad hasta las dos de la mañana. Es como que esperara a alguien porque siempre está atenta a que llegue alguna amiga, amigo o su novio.

Me hubiese gustado contarles que en ese momento crucé la calle y fui a hablarle, pero no; decidí volver a casa a dormir, pero con una idea en la cabeza. Poder hablar con esa chica al otro dia.
Se hizo domingo, me levanté y decidí ir a la casa de mi amigo. Me cambié, caminé tres cuadras, tomé el colectivo, pagué, me senté y de reojo vi por la ventana a esa hermosa chica que iba caminando. “Esta noche te voy a conocer”, me dije, como tomando el valor necesario para hacerlo.

Llegué a la casa de mi amigo, toqué timbre y me abrió la puerta. Estaba dormido, todo despeinado y con una botella de tequila en la mano

-   ¿Qué te pasó, porque no fuiste anoche como habíamos arreglado?

-   Perdon, me puse a tomar algo y me olvidé completamente que teníamos que salir.

Le dije que no pasaba nada, que no había problema y que es más, le agradecía que no haya ido anoche, porque de otra manera no hubiese conocido a esa hermosa chica. Le hablé un poco de ella y me dio su apoyo. Me dijo que hoy vaya otra vez para ver si tenía suerte con ella y que el lunes le cuente como me había ido.

Me quedé en la casa de mi amigo hasta las tres de la tarde y decidí volver a casa. Esperé el colectivo, me subí, pagué y me senté. Durante todo ese viaje mi cabeza iba pensando en como me presentaría, que le iba a decir para que no me tome como un loco o como un psicópata. En un momento para el colectivo y la vi, era ella que se bajaba y no la había notado cuando subí. No lo podía creer, era mucha casualidad, el destino nos estaba cruzando y esa noche lo comprobaría.

Llegué a casa, hice un poco de ejercicio, me bañé y me puse a ver unas películas. El tiempo voló, mi reloj marcaba las 23 hs y salí. Tomé el colectivo y a eso de las  doce menos cuarto llegué. Me senté en uno de los escalones de la facultad y miraba hacia ese bar para ver si salía o no. Se hicieron las doce y diez y la vi salir. Cruzó la calle y venia hacia donde estaba sentado, la veía solo a ella, su belleza opacaba toda la ciudad y el ruido de los autos. Estaba temblando porque no sabía que le iba a decir. Se me acercó y se sentó al lado mio.

Me miró y me preguntó.

-   ¿A vos también te dejaron plantado?

Con total naturalidad le dije que no, que solo había salido a caminar un poco y me senté a descansar. Se la notaba muy triste.

-   ¿Qué es lo que te pasa?

-   Como tonta vengo todos los fines de semana a esperar a mi novio, pero nunca viene y me parece que esta noche tampoco lo va a hacer.


Estábamos solos, ella y yo ahí. Nos quedamos hablando de nuestras vidas y de cosas que teníamos en común. El tiempo pasó volando y se hicieron las tres de la mañana. Le dije que me tenía que ir, pero agarró mi mano y me dijo que no quería que nos separemos, que quería pasar lo que quedaba de la noche conmigo. Eso para mí fue increíble, estaba saliendo mejor de lo que había pensado. Fuimos a casa y no me acuerdo que es lo que pasó.

Era la mañana del lunes y me desperté con un dolor de cuerpo espantoso, no recordaba nada y esa hermosa chica no estaba. Solo había una nota que decía:

“Anoche, fue maravillosa para mi, la pasé muy bien. Hacía mucho tiempo que no estaba con alguien que tuviese un alma tan exquisita para probar, te esperaré todas las noches en las escaleras de la facultad y así estar juntos por toda la eternidad”

Fue algo muy extraño porque desde ese momento, hay días que tengo el cuerpo helado y todos los días a media noche, alguien golpea la puerta de mi casa, no se si será ella, pero por las dudas, tampoco quiero averiguarlo.

miércoles, 7 de enero de 2015

Solo yo lo recuerdo


Esto es una historia un poco corta, es más, ni siquiera estoy seguro que lo haya vivido, pero aun así, recuerdo todo con mucho detalle.
Yo tenía un hermano, un hermano menor llamado Nicolas. Era cinco años menor y esto sucedió cuando él tenía nueve y yo catorce. Vivíamos cerca de un rio rodeado de árboles, nos gustaba llamarlo “el bosque”, no tenía forma de serlo porque era muy poca la arboleda, pero nos gustaba llamarlo así, alimentaba un poco nuestro juegos de hermanos.

Íbamos siempre a jugar, era nuestro lugar, no había otros vecinos cerca o amigos para invitarlos, éramos los únicos. Un día, volvimos del colegio por la tarde y le dijimos a mamá que merendábamos y nos íbamos a ir a jugar. Ella no se preocupaba porque no estaba lejos de casa y sabía que estaríamos ahí. Llevamos piedritas y unas ramas para jugar a las espadas en la orilla del río, era nuestro pasatiempo mas común aparte de jugar aveces a la pelota.

Nico siempre fue de portarse bien y hacer caso, pero esa tarde estaba empeñado y con ganas de subirse a uno de los árboles que estaban ahí, la rama más grande daba hacia el río y él quería subir para tirarse. Le dije que estaba loco, que se podía lastimar e incluso se podía matar si caía sobre las piedras. En un momento decidió subirse y querer tirarse, le pedía por favor que se baje, pero no me hacía caso. Me enoje y decidí subir también para ir a buscarlo. Estaba muy alto, en un momento escucho que me grita algo, no recuerdo que fue porque no llegué a entender, seguí subiendo y cuando estaba llegando a donde estaba Nicolas, veo que pierde el equilibrio y cae, los dos gritamos, era como si el tiempo hubiese ido muy despacio porque estaba viendo caer a mi hermanito. Cayó contra unas piedras que había en la orilla y se partió la cabeza dándole la muerte en ese mismo momento. Me puse pálido y no podía gritar ni hacer nada, estaba al lado del cuerpo de mi hermanito. Hasta hace unos minutos estaba riendo y ahora está tirado ahí, con la cabeza abierta y litros de sangre que se combinaba con el agua del rio. Me sentía culpable, yo debía cuidar de él y no lo hice.
Inmediatamente corrí a casa, con lagrimas en los ojos y con mucho nervios abrí la puerta, estaba mamá preparando la cena y mi padre se estaba bañando porque recién había llegado del trabajo. Fui a la cocina, no era fácil decirlo, mi mamá se dio vuelta, me miró y me preguntó con voz enojada.

-   ¿Qué te pasa?

Estaba todo sucio, lleno de tierra, llorando y no sabía como decírselo. Hasta que me armé de valor y le dije

-   Mamá, Nico está muerto

Mi madre se quedó mirándome, con cara seria como si estuviese viendo un fantasma y me dijo.

-   ¿Y quien es Nico?

-   ¿Cómo que quien es Nico? Mi hermano, tu hijo o que es lo que te pasa, como me vas a preguntar eso.

Ella solo sonrió y me dijo.

-   Otra vez estas con esos juegos. Espera que salga tu papá del baño y lávate las manos que en un rato ya va a estar la cena.

No entendía nada, porque mi madre no recordaba a mi hermano, no era algo normal. Me puse a recorrer la casa y no había fotos de Nicolas en los cuadros, solo mías y de mis abuelos, fui corriendo al cuarto que compartía con él y solo encontré mi cama, ni siquiera estaban sus juguetes, era como que él nunca haya existido, me estaba volviendo loco. Salí corriendo de casa y me fui a rio, pero él no estaba ahí, era como que la corriente lo hubiese arrastrado, aunque lo más raro era que no había rastros de sangre en el lugar.

Ya pasaron diez años y la policía jamás encontró el cuerpo de ningún niño con sus características. Estuve yendo años al psicólogo para convencerme a mi mismo que él jamás existió, fuera de eso, mi vida fue relativamente normal. En el colegio no lo recordaban, ni los que eran sus compañeros, ni los maestros; jamás hubo un funeral para despedirlo porque para nadie existió. Al parecer solo yo lo recordaba y nadie más, pero me cuesta creer eso, lo recuerdo muy detalladamente a mi hermanito, alguien que al parecer jamás nació y nunca murió.